jueves, 27 de agosto de 2009

Así debería comenzar...

Dentro del Bar, líneas verticales, horizontales, oblicuas, ¿Qué más?. La apreciación del entorno, de esta realidad, estaba dada por la línea. Y un humo blanco y un olor a desierto. ¿Acaso es necesario determinar lo que huele un desierto? No me parecía llegar a ser parte de ese espacio, pero sin embargo allí estaba. Todo comenzó al empujar leyengo "push", y terminó con la salida tirando, habiendo leído un "pull". Hay quienes no leen los carteles frente a las puertas, pero yo sí, yo los leo y les hago caso. Debo decir que antes sólo habian personas sentadas y paradas dentro de un colectivo y algunas me miraban a mí. Así fue como llegué hasta allí. El peso de las monedas determinó el precio justo, las máquinas suelen ser amigas mías. Paradas frente a mí, es común que respondan a lo que específicamente yo me he propuesto hacer con ellas. Serán frías, calculadoras, pero procesan positivamente lo que les solicito. No me gustan cuando hablan, no me gusta eso que las hace parecerse más humanas. Yo soy de pocas palabras, por eso disfruto su silencio.
Moebe miraba una revista de muchos colores, sentada no parecía esperarme, y yo no tenía intenciones de llegar. Era precisamente el miedo lo que me ataba al asiento del autobus. Se acomodó los bucles hacia el costado, sus ojos color de río me miraron, sonrió y no pude escapar.
Miré hacia todos lados, me miré en los espejos y miré el café humeante de la máquina. El murmullo de la gente se hacía oir, así como se escuchaba el respirar de Moebe, o al menos me pareció que la escuché suspirar.
Me dije al despertar. Hoy voy a salir a decir, a decir no sé qué cosa, ni a quién (a Moebe, por supuesto), pero salgo. Eso de decir: - ... te amo - parece pasado de moda. No quiero decirle que hace tiempo sueño con ella, y se me aparecen sus bucles como abrazando mis almohadas. Tanta cursilería podría arruinar el momento. Los bucles no abrazan a las almohadas, si las almohadas no se dejan. ¿Decirle que pienso en ella? No, definitivamente. Debería decirle que pienso en ella y en el café que se está enfriando. Pensar es toda una aventura, y no creo que ella quiera ser eso para mí.

2 comentarios:

holamina dijo...

Hola Fran, no sabía que tenías blog, lo encontré por facebook jaja.
¡Te mando un beso y a Norma!

Melina

Francisco A. Benitez dijo...

Uhh, no me digas que leiste las boludeces que escribí... Disculpa que no te respondi antes, re colgado, hace meses que no entro a este lugar...